María, que apareces cuando menos lo imaginamos, gracias por ser mensajera de la paz.
María, que apareces cuando menos lo imaginamos, gracias por ser mensajera de la paz. Día a día, intercedes para que por medio del Espíritu Santo nos encontremos con signos de ternura: una palabra de aliento inesperada; el perfume intenso de una flor; la sonrisa de un niño pequeño que alumbra cualquier oscuridad.
Madre, que sabes de días y de noches, te pedimos que nunca nos desampares. Desde distintas partes del mundo, con diferentes realidades, todos tus hijos te celebramos. Eres Reina del Cielo, fiel y dulce servidora del Señor. Con tu dulzura infinita, nos guías para construir un mundo mejor. Hoy, una vez más, sentimos la fuerza de tu amor.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra: Dios te salve.
Así sea
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